
El intendente apuntó contra los recién llegados y los acusó de opinar sin conocer la ciudad
Redacción NA
El discurso de apertura de sesiones en el Concejo Deliberante dejó un tono marcadamente confrontativo. El intendente de San Martín de los Andes no sólo rechazó las críticas a su gestión, sino que dirigió un reproche explícito hacia quienes se instalaron en la ciudad en los últimos años y, según planteó, opinan sin conocer su historia ni sus dinámicas sociales.
“Hay gente que se ha venido a esta ciudad. Y esa gente que se viene ¿qué necesita? ¿Por qué se viene a San Martín? Porque se vive muy mal. ¿Por qué no se van a Longchamps? No sé, a La Matanza a vivir? Se vienen acá”, disparó, en un pasaje que dejó en claro su malestar con determinados sectores migrantes internos.
El jefe comunal insistió en esa línea al referirse a la heterogeneidad social: “Ha pasado en esta ciudad tan heterogénea, que ha venido gente de todos lados que opinan de todo. Opinan de los primeros pobladores. Opinan de los barrios. Llegaron de San Isidro y ya están opinando. Ya opinan. Eh, pará. Esto es una comunidad”. La frase, repetida con énfasis, funcionó como una descalificación directa hacia quienes cuestionan decisiones oficiales o intervienen en debates locales poco después de radicarse.
En lugar de asumir las críticas como parte del juego democrático, el intendente las enmarcó en un clima de hostilidad que, a su entender, se alimenta artificialmente. “Y yo lo que veo en San Martín veo un odio permanente que se alimenta”, sostuvo, y pidió a los concejales “bajar los decibeles”, incluso “por más razón que tengas, por más virtuoso que seas como concejal”.
El mandatario también trazó un paralelo con la fragmentación social a nivel nacional: “¿Quién cree que se va a salvar solo viviendo en un country? ¿Cómo pasa en esta Argentina fragmentada? Los negros que estén allá. Pero nosotros estamos en el country. Nadie se salva solo pero por Dios ¿cómo no se entiende eso?”. La comparación buscó reforzar su idea de comunidad, aunque volvió a exponer un tono áspero en el planteo.
En el tramo final, rechazó las acusaciones sobre supuestos privilegios del oficialismo: “No es una gestión. Yo estoy de paso. Estamos de paso los que me acompañan acá estamos de paso. Y después volveremos a remarla porque no estamos salvados económicamente. Porque también han instalado en la comunidad que parece que somos todos una casta”.
Más que un balance institucional, la intervención se transformó en una defensa política con destinatarios concretos. El intendente eligió señalar a quienes llegaron desde otros puntos del país como parte del problema del clima local y ubicó allí el origen de muchas de las críticas.


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