
¿La música es cada vez más simple?: qué descubrió un estudio tras analizar 20 mil obras
Redacción
La música es, a grandes rasgos, la organización de los sonidos emitidos por la voz humana, instrumentos o ambos en conjunto, que generan una experiencia emocional, ya sea de alegría o melancolía. Los científicos investigan constantemente no solo por qué las personas sienten placer al escuchar una canción sino también cómo se han transformado las piezas sonoras a lo largo del tiempo.
Esto último fue lo que hizo recientemente un grupo de expertos de la Universidad La Sapienza de Roma y de la Universidad de Padua, que analizó 20.000 obras musicales. “Basándonos en archivos MIDI de seis macrogéneros que abarcan casi cuatro siglos, representamos cada composición como una red dirigida ponderada para estudiar sus propiedades estructurales”, señalaron en la publicación, divulgada en Arxiv.
Los resultados sugieren que la complejidad de la música ha disminuido con el tiempo, una tendencia que también afecta -en distintas medidas- a la música clásica y al jazz, de acuerdo a los expertos. Para concluir esto, aplicaron herramientas de lo que llamaron ciencia de redes. Veamos de qué se trata y cómo lo hicieron.
“Históricamente, la música era una experiencia comunitaria, limitada a actuaciones en vivo y estrechamente ligada a prácticas culturales específicas”, explicaron los investigadores. “La composición musical estaba restringida principalmente a especialistas capacitados, que a menudo trabajaban dentro de marcos tradicionales”. Según el estudio, la llegada de nuevas tecnologías transformó este escenario, al permitir que la música trascendiera los límites temporales y espaciales. “A mediados del siglo XX, los formatos físicos como los discos de vinilo y las cintas de casete democratizaron el acceso a la música y permitieron una audiencia más amplia para participar en la creación musical, sentando las bases para la era digital”.
Los investigadores analizaron un conjunto de datos de aproximadamente 20.000 archivos clasificados en seis macrogéneros.
“Optamos por representar las composiciones musicales como redes dirigidas ponderadas donde las notas son nodos y las transiciones son bordes”, afirmaron. Este método permitió estudiar las diferencias estructurales entre los géneros y medir la complejidad musical a lo largo del tiempo. Asignaron las notas a “nodos” y representaron las transiciones entre ellas como conexiones, lo que permitió identificar patrones de repetición y cambios en la estructura de las composiciones.
Las diferencias en la complejidad de los géneros musicales
“Nuestros resultados muestran que las composiciones clásicas y de jazz tienen mayor complejidad y diversidad melódica que géneros desarrollados recientemente”, señalaron los autores del estudio. Sin embargo, encontraron que incluso la música clásica y el jazz han seguido una tendencia hacia la simplificación, al acercarse a los niveles de complejidad de los géneros modernos. El jazz, en cambio, presentó un aumento inicial en su complejidad antes de experimentar un “declive” y una posterior estabilización, siempre de acuerdo a este planteo científico.
Los investigadores explicaron que “la música siempre ha sido fundamental para la cultura humana, reflejando y dando forma a las tradiciones, emociones y cambios sociales”. En este contexto, argumentaron que los avances tecnológicos han modificado la manera en que se crea y consume lo musical, lo que ha influido en la diversidad de las composiciones. “Este estudio destaca cómo las herramientas digitales y las plataformas de streaming dan forma a la evolución musical, fomentando nuevos géneros, al mismo tiempo que impulsan la homogeneización y la simplicidad”, agregaron.
“Anteriores estudios han sugerido que el contenido que circula en entornos rápidos, interconectados y curados algorítmicamente está sujeto a procesos de simplificación, como se ve en el caso de las letras de canciones y los comentarios en redes sociales”, afirmaron. “Esto plantea una pregunta importante: ¿se está produciendo una tendencia similar en el panorama musical contemporáneo?”.
Los investigadores se basaron en herramientas de la ciencia de redes para responder esta pregunta. “Las propiedades de las redes revelan que las composiciones clásicas y de jazz exhiben mayor complejidad y diversidad melódica que otros géneros”, explicaron. A diferencia de estudios anteriores, este análisis permitió caracterizar las propiedades topológicas y musicales de cada género, lo que permitió comprender cómo han cambiado con el tiempo. “Nuestro análisis temporal muestra una tendencia hacia la simplificación en géneros como el clásico y el jazz, que han alcanzado niveles de complejidad comparables a los de géneros desarrollados más recientemente”.
El estudio también presenta algunas limitaciones. La dependencia de un data set utilizado “introduce posibles imprecisiones en la clasificación de géneros”, afirmaron los investigadores.
“Si bien la categorización por género es útil para clasificaciones generales, puede simplificar en exceso la diversidad dentro y entre los géneros, especialmente en la música híbrida o experimental”.
Además, la vinculación de archivos MIDI con datos de una plataforma musical requirió métodos heurísticos, lo que pudo haber generado imprecisiones en la asociación de metadatos. Otro problema identificado fue la estimación de fechas de lanzamiento, debido a la falta de información confiable en los registros de algunas plataformas. “Para abordar este problema, empleamos un modelo de lenguaje de gran escala (LLM) para inferir dichas fechas”, explicaron. Al tiempo que ampliaron: “Si bien esta estrategia es innovadora, introduce un nivel adicional de incertidumbre, ya que el modelo se basa en datos contextuales que pueden ser imprecisos o incompletos”.
A pesar de estas limitaciones, los autores consideran que el estudio tiene implicaciones importantes. “La tendencia observada hacia la simplificación musical refleja cambios sociales más amplios, incluyendo la influencia de la interconectividad global, la rápida difusión de contenidos y la curaduría algorítmica en el consumo musical”, escribieron. “Al situar estos resultados en un contexto más amplio de cambio tecnológico y social, el estudio establece una base para futuras investigaciones sobre la interacción entre creatividad, cultura y tecnología”.


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