Tramas que cuidan 20: El miedo al ridículo

Reflexiones del IFD3 para una comunidad que elige acompañar.
Sociedad04/09/2026Redacción NARedacción NA

Hay adolescentes que dejan de bailar cuando alguien saca el celular, que no quieren cantar delante de otros, que prefieren no levantar la mano en clase, que se cambian de ropa varias veces antes de salir o que abandonan una actividad cuando aparece la posibilidad de que alguien los filme. No siempre es falta de ganas. Muchas veces es miedo: miedo a hacer el ridículo, a que otros se rían, a quedar expuestos, a ser juzgados.

¿Qué es exactamente lo que da miedo? ¿Que se rían? ¿Que los filmen? ¿Que alguien haga un comentario sobre su cuerpo, su ropa, su voz, sus gustos o su manera de relacionarse? ¿O algo más profundo: que los demás construyan una imagen de ellos a partir de un momento y que después sea difícil escapar de ella?

La adolescencia es un tiempo de construcción de la identidad. Se prueban maneras de vestirse, de hablar, de vincularse, de mostrarse. Para poder hacerlo hace falta cierta libertad para explorar, cambiar y volver a intentar. Pero cuando la mirada de los demás adquiere demasiado peso, ese proceso puede volverse difícil. Un estudio realizado por Natalia Ferri y Carolina de Grandis, junto con otros investigadores, a partir de entrevistas con adolescentes argentinas usuarias de Instagram, identifica entre sus experiencias la necesidad de aceptación y reconocimiento, el temor al juicio de los demás, la vergüenza y la preocupación por la propia identidad.

Las redes sociales no inventaron el miedo al ridículo. La preocupación por cómo nos ven los demás existe desde mucho antes de los celulares. Pero pueden amplificarlo: una situación que antes quedaba limitada a quienes estaban presentes puede ser registrada, compartida y llegar a muchas más personas. Una caída, un baile, una foto, una manera de hablar o un comentario pueden quedar circulando más allá del momento en que ocurrieron.

El problema aparece cuando ese temor empieza a condicionar las decisiones: no hago esto porque pueden burlarse, no digo lo que pienso porque pueden juzgarme, no me visto así porque van a decir cosas, no bailo porque pueden filmarme, no muestro lo que me gusta porque puede parecerles raro. Poco a poco, la pregunta deja de ser “¿qué quiero hacer o quién quiero ser?” y empieza a ser “¿qué van a pensar de mí si lo hago?”.

Por eso también necesitamos preguntarnos por nuestra propia mirada como personas adultas. ¿Qué hacemos cuando un adolescente se equivoca delante de otros? ¿Y cuando siente vergüenza por su cuerpo, por su manera de hablar o por algo que hizo? ¿Nos reímos, contamos después la anécdota, mostramos una foto o un video sin preguntarle? Lo que para nosotros puede parecer pequeño o gracioso puede ser vivido como una experiencia de vergüenza y exposición. Cuidar también implica no convertir la vulnerabilidad de otro en espectáculo.

Necesitamos construir espacios donde haya lugar para probar, cambiar, mostrarse y descubrir quiénes somos sin sentir que cada gesto puede convertirse en una etiqueta. Porque el miedo al ridículo no aparece solamente cuando alguien se equivoca. Puede aparecer cuando alguien se muestra de una manera diferente, expresa un sentimiento, hace algo que los demás consideran extraño o siente que demasiadas miradas están puestas sobre él o ella.

Tal vez cuidar sea ayudarles a construir una relación con la mirada de los demás en la que esa mirada importe, pero no tenga la última palabra. Que puedan sentir vergüenza sin quedar atrapados en ella; mostrarse sin sentir que deben controlar cada gesto; equivocarse sin quedar definidos por el error. Que puedan descubrir quiénes son sin sentir que cada momento de exposición puede convertirse en una etiqueta.

Ante cualquier emergencia, hay una línea gratuita y confidencial de Salud Mental disponible las 24 horas: 299 535 8191 (llamadas y mensajes). Para urgencias, el número de emergencias es el 107.

El servicio de salud mental funciona de manera descentralizada en los centros de salud de nuestra ciudad.

Los días y horarios habilitados para consulta espontánea son los siguientes:

Chacra 30 (Los Lagos, al lado de la delegación municipal): martes y jueves desde las 8.30 hs. Tel.: (2972) 411 188 — WP: 2972 405 852 (solo mensaje)

Tiro Federal (Tte. Cnel. Pérez y Weber): lunes de 13.30 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 428 145 — WP: 299 606 7656 (solo mensaje)

Vega Maipú (Hugo Berbel entre Gregorio Álvarez y Berta Koessler): lunes de 13 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 413 856 — WP: 294 4418058 (solo mensaje)

Arenal (Los Cerezos y Piñones): miércoles de 11 a 15.30 hs. Tel.: (2972) 426 011 — WP: 2972 543816 (solo mensaje)

Hospital Ramón Carrillo: atención a demanda espontánea, guardia las 24 horas.

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