
"La telecabina sube; el pueblo se queda abajo": fuerte reclamo por el acceso de los residentes a Chapelco
Redacción NALa telecabina sube; el pueblo se queda abajo
Al Director:
El 24 de julio se inaugura oficialmente, con autoridades, discursos y fotos, la nueva telecabina del
Cerro Chapelco. Debería ser un día de orgullo para San Martín de los Andes. Para muchos de nosotros,
gente de montaña, será un día triste: la vamos a mirar desde abajo.
Porque mientras la telecabina sube, algo más profundo baja: el derecho de este pueblo a su propio
cerro. Los pases de temporada treparon a valores que una familia trabajadora no puede pagar. La gente
del valle y de las provincias vecinas, que compartió este cerro toda la vida, vio esfumarse en los hechos
su tarifa de residente: la categoría sigue figurando en la web, pero a la hora de pagar el pase de
temporada abonan lo mismo que un extranjero.
Las personas con discapacidad, que en la nieve encontraron libertad y dignidad, vieron encarecer su pase un tercio en un año. Los jubilados, los mismos abuelos que enseñaron a esquiar a este pueblo, no tienen descuento alguno: a los 70 años pagan lo mismo que cualquier adulto. Los chicos de los clubes federados (algunos representantes olímpicos y paralímpicos de la Argentina) son rechazados en las boleterías con un sello que duele: «fuera de distrito». Y hasta subir a pie a la montaña tiene ahora un precio de peaje.
El símbolo perfecto de este modelo es el estacionamiento pago: medido, ordenado, señalizado… y
vacío. Vacío como quedarán las pistas de un centro de esquí pensado para pocos, en un pueblo cuya
actividad principal es, precisamente, el turismo y el deporte de montaña.
Chapelco no nació de una licitación. Nació en 1946, del esfuerzo de un puñado de pioneros que
subieron a pala y a pulmón, que construyeron refugios con sus manos, que fundaron escuelas de esquí
antes de que existiera empresa alguna. Ochenta años de clubes, de escuelitas, de instructores locales,
de familias enteras criadas en la nieve. Ese patrimonio humano no figura en ningún pliego, pero es el
verdadero capital del cerro. Sin él, la telecabina más moderna del país transporta turistas hacia una
montaña sin alma.
No escribo ni contra la inversión ni contra el progreso: los celebro. Escribo contra un esquema
tarifario que expulsa al residente, al deportista, al discapacitado y al jubilado, y que rompe el círculo
virtuoso que hizo grande a este destino: pueblo que esquía, pueblo que atiende, pueblo que recibe. El
turismo no se sostiene sobre un cerro al que sus propios habitantes no pueden subir.
El contrato de concesión prevé tarifas para residentes, beneficios para personas con discapacidad y
derechos para los clubes federados. Solo falta voluntad de cumplirlo, y un pueblo que deje la apatía y
exprese la suya. Que la fiesta del 24 de julio no sea la inauguración de un cerro para pocos, sino la
oportunidad de recuperar la montaña para todos.
Enrique Bartolomé — DNI 29.016.694
San Martín de los Andes, Neuquén



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