El sorprendente hallazgo de un coloso que dominó la Tierra hace 237 millones de años

Un equipo del CONICET descubrió en La Rioja un reptil de 6 metros de largo y un cráneo de 60 centímetros, que habitó Talampaya durante el período Triásico, siendo uno de los mayores depredadores antes de los grandes dinosaurios carnívoros.
Ciencia10/06/2026Redacción NARedacción NA

Durante el Triásico Medio-Tardío, hace unos 237 millones de años, cuando todavía no existían los grandes dinosaurios carnívoros, los reptiles del grupo  Paracrocodylomorpha –cuadrúpedos de entre 4 y 10 metros de largo–, parientes lejanos de los actuales cocodrilos, eran los mayores y más temibles depredadores. En un trabajo publicado hoy en la revista Papers in Palaeontology, un equipo de investigación del CONICET, integrado por expertos de La Plata, La Rioja y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), reporta el hallazgo de un nuevo género y especie de paracrocodilomorfo: Shakajlura riojanensis, es decir, “lagarto bendito de La Rioja”.

El hallazgo tuvo lugar en la Formación Chañares, ubicada en el Parque Nacional Talampaya, en el marco de dos campañas paleontológicas realizadas en 2017 y 2018 por Archosauriform Research Group, y consistió en el descubrimiento de varios huesos del cráneo y del postcráneo, incluso piezas correspondientes a la cintura del animal, que llegó a medir 6 metros de largo y tenía un cráneo de 60 centímetros. “La Formación Chañares es una ventana que nos muestra cómo era el mundo entre 237 y 233 millones de años atrás”, cuenta Ariel Cardillo, becario doctoral del CONICET en el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR, CONICET-UNLaR-SEGEMAR-UNCa-Gobierno de La Rioja) y primer autor del trabajo.

“El Triásico es un momento clave en la historia de la vida en la Tierra: comenzó luego de la Gran Mortandad, como se conoce a la extinción masiva más grande de la que se tenga registro –la del Pérmico superior, hace 252 millones de años– y es el primer período de la denominada ‘Edad de los reptiles’, es decir la Era Mesozoica. En ese sentido, los afloramientos de la Formación Chañares presentan un registro de interés mundial, porque incluyen ancestros de mamíferos, dinosaurios y cocodrilos, como también de plantas, hongos y artrópodos”, apunta Cardillo.

Formado en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), Cardillo destaca que “los Paracrocodylomorpha son importantes por varios motivos. Por un lado, nos cuentan sobre el origen de los cocodrilos, los únicos representantes del linaje que llegaron hasta la actualidad. Por otra parte, nos dan información sobre cómo eran esas faunas triásicas posteriores a la extinción pérmica. Además, son considerados las ‘figuritas difíciles’, porque se encontraron muy pocos ejemplares si comparamos con otros grupos de animales de la misma época, entonces cada vez que se descubre uno nuevo tiene un altísimo valor científico”.

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En efecto, hasta el descubrimiento de Shakajlura, solo se conocía un único ejemplar fósil para el grupo extraído de la Formación Chañares: Luperosuchus fractus, estudiado originalmente por el paleontólogo estadounidense Alfred Romer a comienzos de los ’70. “La morfología general y el nivel estratigráfico en los que fue recolectado Shakajlura, contemporáneo al de Luperosuchus, sugieren estrechas afinidades entre ellos. Sin embargo, hay diferencias considerables en la forma del hocico y de algunos huesos que rodean el ojo”, comenta Julia Brenda Desojo, investigadora del CONICET en la FCNyM y también autora de la publicación.

“Luperosuchus tiene una curvatura o proyección hacia arriba, como una montañita prominente sobre el hocico, a la altura de las fosas nasales, algo que no se ve en Shakaljura”, remarca Desojo, y bromea: “Una especie de nariz romana”. El nuevo ejemplar tiene los nasales bien rectos. “Por otro lado, hay un rasgo distintivo que los separa bien claramente en un hueso ubicado en la parte posterior de la órbita, que se denomina postorbital: mientras que en Luperosuchus tiene una protuberancia redondeada, en Shakajlura esta es más parecida a una barra alargada”, detalla.

Otro rasgo característico del nuevo ejemplar es la casi nula presencia de ornamentación en el maxilar, el hueso de la quijada superior que lleva los dientes, como la que presentan los cocodrilos modernos. “Este es bastante liso en todo sentido”, remarca Cardillo, quien apunta que esa particularidad lo diferencia de varios de los representantes del grupo a nivel mundial. Al respecto, cabe destacar que los Paracrocodylomorpha se conocen en todos los continentes, con excepción de la Antártida y Australia, para ese momento de la historia.

“Otra característica que lo vuelve único es la forma de un hueso de la mandíbula, el prearticular, que tiene diferentes proporciones comparado a todo el resto de sus parientes cercanos. Por todas estas características únicas, que lo distinguen de los otros Paracrocodylomorpha, hablamos de un nuevo género y especie”, puntualiza el becario del CONICET. Para finalizar, los profesionales destacan que Shakajlura es el primer ejemplar del  grupo que se describe en Argentina desde 1997.

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Además de Cardillo y Desojo, integran el equipo de investigación: María Belén von Baczko, Martín Ezcurra y Agustín Martinelli, investigadora/es del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET); Nahuel Vega, investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA); y Lucas Fiorelli, investigador del CONICET en el CRILAR.

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