La guerra, un deporte sin tregua

Deportes 07 de agosto de 2021 Por Redacción
Por Jorge Gorostiza.
deporte sin tregua

El barón y los varones
Originalmente, el muy mentado espíritu olímpico del Barón de Coubertin fue cosa de varones, y varones blancos. La participación de atletas “de color” recién fue permitida en la IV edición de los Juegos, Londres 1908. Las mujeres, por su parte, tuvieron que esperar hasta la séptima cita olímpica, Amberes 1920,  para ser formalmente admitidas. No está tan mal, después de todo, si tenemos en cuenta que en la antigüedad las mujeres tenían prohibido siquiera observar cualquier competencia, so pena de muerte.

5 a 1
Por ese entonces, las guerras se suspendían para que los atletas pudiesen viajar hasta Olimpia, competir, y regresar a sus ciudades o adonde sea para seguir combatiendo. Inversamente, los Juegos Olímpicos modernos han sido suspendidos para que los ejércitos se maten entre sí. De todos modos, ahora la peor parte, para variar, recae sobre la población civil. Según la organización humanitaria Save The Children, en la actualidad los conflictos armados provocan anualmente la muerte de al menos 110.000 niños y niñas: cinco veces más que el número de combatientes muertos en acción. 

Campeones de tiro
Los VI Juegos Olímpicos de la era moderna, Berlín 1916, fueron suspendidos por la Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial. Las ediciones XII, (Helsinki 1940) y XIII (Londres 1944) fueron aplazadas por la Segunda Guerra Mundial. El primer conflicto se cobró la vida de más de 10 millones de personas. El segundo, más de setenta. Después de semejante holocausto, a partir de Londres 1948, las citas olímpicas se han repetido con regularidad. Los conflictos armados, también.

Heil, Brundage
En 1936, cuando se celebraron los Juegos en Berlín, Hitler llevaba ya 3 años al frente de la Alemania Nazi. Judíos, gitanos, marxistas y homosexuales eran perseguidos en todo su territorio. Sin ponerse colorado, el presidente del comité olímpico estadounidense, Avery Brundage, declaró que los judíos alemanes eran bien tratados y que la intención de suspender la participación de Estados Unidos en los Juegos se debía a una conspiración judeo-comunista. Durante la ceremonia inaugural, la mayoría de las delegaciones practicó el saludo nazi al pasar por delante del Führer. 

Un silencio olímpico
La carrera de Avery Brundage, a pesar de todo, no tuvo obstáculos y para México 1968 ya era el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). Esos Juegos serán recordados no sólo por ser los primeros en celebrarse en la altura, con marcas que permanecieron por décadas, sino también por la violencia política y racial que los rodeó. Diez días antes del inicio de la competencia, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz cegó a sangre y fuego las protestas estudiantiles en Tlatelolco. Entre 300 y 500 jóvenes fueron masacrados por disparos del Ejército. Más de 6.000 resultaron heridos y detenidos. Avery y el COI, mutis por el foro.

Mil veces no debo
Ya iniciados los Juegos, luego de la final de 200 metros, los velocistas estadounidenses Tommy Smith y John Carlos, oro y bronce respectivamente, subieron descalzos al podio y, cuando sonó el himno de su país, bajaron sus cabezas y levantaron un puño enguantado de negro. Aquella imagen que recorrió el mundo, era su modo de protestar contra la violencia racial dentro del comité olímpico de EEUU y, sobre todo, dentro del COI. La respuesta del Comité Olímpico Internacional, presidido por nuestro conocido Avery Brundage, no se hizo esperar: ese mismo día ambos fueron expulsados de la villa olímpica.

Baby boom
La victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial se selló luego de la rendición incondicional del Japón. Días antes, su población debió soportar dos ataques atómicos de los Estados Unidos que destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Los bombazos provocaron más de 200.000 muertes, casi exclusivamente civiles. Resulta muy difícil de imaginar pero en medio de todo ese horror hubo un llanto de vida, un nacimiento. Diecinueve años después, durante la inauguración de los Juegos de Tokio 1964, la llama olímpica fue transportada por el atleta Yoshinari Sakai, apodado «el bebé de Hiroshima» nacido en esa ciudad, el día mismo de la tragedia. 

Más rápido, más alto, más fuerte
De los 206 países reconocidos por el Comité Olímpico, 204 enviaron delegaciones a Tokio 2020. En 54 de ellos se registran actualmente conflictos armados. Tal vez por eso mismo, 19 deportistas de 11 países se han presentado bajo la bandera de Refugiados. Ellas y ellos representan a unos cien millones de personas desplazadas por la violencia y la muerte. De acuerdo con Intermon Oxfam, cada día mueren, en promedio, 2.200 civiles en alguna de las innumerables luchas que se libran en el mundo. Dicho de otro modo, durante los 18 días que durarán los Juegos serán asesinados alrededor de 39.600 inocentes, el equivalente a toda la población de San Martín de los Andes. Desde hace más de 70 años, la IV Convención de Ginebra consagra la inmunidad de civiles en la guerra. El negocio de la muerte, sin embargo, parece avanzar más rápido que el derecho humanitario. La industria armamentista, a coro con Lamolina, grita cada vez más alto “Siga, siga”, en beneficio del más fuerte.