''La presunción en cuestión es muy sencilla y como tal debería ser corroborada con total facilidad''

Carta de lectores 10 de julio de 2020 Por Redacción
El referente de Juntos por el Cambio y ex candidato a intendente, Esteban Bosch, indica mediante una carta, que lo desvela ''la presunción cuasi cierta de que, en nuestro pueblo, se han cometido una serie de irregularidades de tono grave que pueden constituir delito y que además ponen en riesgo los acuerdos básicos de convivencia pacífica y armónica de la sociedad''.
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''Este 9 de Julio me sorprendió desvelado, después de varios días de mucha información y conversaciones en torno a los temas públicos de nuestro San Martín de los Andes. 9 de Julio que además llega de la mano de más de cien días de absoluta anormalidad en todo el mundo y que a nivel local tuvieron sus particularidades más allá de la situación general. Me estoy refiriendo a pensar el Estado, la administración pública, el rol del empleo público y del funcionario político. Las relaciones humanas dentro de la Administración, el contribuyente, la naturaleza de cada uno de estos componentes y su ensamble -complejo y apasionante- en eso que globalmente conocemos como Estado.

El desvelo lo motiva la presunción cuasi cierta de que, en nuestro pueblo, se han cometido una serie de irregularidades de tono grave que pueden constituir delito y que además ponen en riesgo los acuerdos básicos de convivencia pacífica y armónica de la sociedad. La relación compleja  entre lo público y lo privado, un contrato tácito y explícito en el que unos pagan una carga y los otros proporcionan un Servicio. Y Servicio lo pongo en mayúscula para enfatizarlo, no es cualquier “servicio”, es el deber sagrado del Estado. Debemos vivirlo con esa gravedad. La presunción en cuestión es muy sencilla y como tal debería ser corroborada con total facilidad: durante la cuarentena, la Municipalidad de San Martín de los Andes pagó como horas extra al 100%, horas regulares trabajadas por parte de sus agentes. Y hago un breve resumen para su comprensión.

La naturaleza del empleo público es tal que debe estar fuera del alcance de la arbitrariedad de los funcionarios políticos de turno. Los políticos no podemos bajar salarios, subir o bajar categorías, nombrar o remover Directores o Jefes de áreas, pagar suplementos por título, etc. Hay un procedimiento muy estricto para cada una de estas operaciones y de la misma manera ningún político puede disponer premios, aumentos o pagar horas extra que no se hayan cumplido por necesidad y durante el tiempo exacto que la motiva: feriado, domingo, día de semana fuera de horario, día de semana después de las 22 horas, etc. La liquidación de sueldos en un municipio es un acto contable de administración pública que debe tener toda la documentación respaldatoria de manera similar al pago de una compra, de un certificado de obra, de un contrato cualquiera. Pagar de más o de menos es un acto de violencia laboral, es una forma de condicionar la conducta del agente, por eso está prohibido y está bien que así sea: el Estado no es nuestro, no es de los políticos, apenas lo administramos.

La vigencia de la cuarentena impuesta por motivo de la pandemia no significó, de ninguna manera, que los días trabajados por los agentes públicos fueran considerados feriados. Durante esos días, hubo algunos empleados municipales que estuvieron obligados a permanecer en sus casas (y por supuesto mantuvieron su pleno derecho al cobro de su sueldo) y otros que tuvieron la obligación de salir a trabajar y prestar su servicio, sin ninguna obligación por parte del empleador de pagarle horas extra por dicha tarea. Ninguna repartición pública nacional (Anses, Parques Nacionales, Afip, Aduana, etc.) pagó horas extra al 100%. Las Policías de todo el país, todo el sistema público de Salud, ninguna Provincia ni ningún otro municipio en todo el país tomó esa conducta y en buena hora que así fue, ya que habríamos asistido, bastante antes de lo que algunos vaticinan, a un colapso total del sistema público argentino. Imaginemos por un instante al sector privado imposibilitado de trabajar, con su facturación cercana a cero, con prohibición de despidos, doble indemnización y al cual el Estado hubiera pretendido imponerle semejante carga adicional de gasto público. No sigamos imaginando, me dan escalofríos, la irritación habría mutado en rebelión, con seguridad. Volvamos a la realidad. Quedémonos con la imagen positiva: la del aplauso espontáneo a los agentes de Salud que siguieron trabajando, ellos cobraron su sueldo habitual más ese aplauso, ni un plus obtuvieron.

La información, difusa por el momento pero que no tardará en ser oficializada, da cuenta de una erogación de 18.000 horas extra en la municipalidad de San Martín de los Andes, solamente durante el mes de abril pasado.  Dichas horas se habrían abonado recién en junio por falta de disponibilidad, pero ya están liquidadas y pagadas por un monto aproximado de ocho millones de pesos. Se debe tener en cuenta que en abril la cuarentena fue casi total, trabajaron un grupo reducido de empleados municipales, la cantidad de horas pagadas es muy elocuente: equivaldría a la jornada  completa de 7 horas regulares pero pagadas como extra. Recordemos además que esos días había un virtual toque de queda, nadie se movía de noche, la ciudad estaba muerta, los agentes municipales trabajaron de día y la Municipalidad estuvo prácticamente cerrada. No hay manera alguna de justificar la necesidad extrema de incurrir en semejante cantidad de horas trabajadas, no hay planilla ni control biométrico que las pueda respaldar. Durante esos días TODOS LOS COMERCIOS y actividades privadas de la ciudad estuvieron cerradas pero durante ese tiempo se siguió cobrando el TCI, la tasa de seguridad e Higiene y todos los tributos municipales y provinciales. El escenario ficticio que imaginamos en el párrafo anterior, cobró vida en San Martín de los Andes.

Me quiero detener en este punto porque estoy convencido que más allá del enorme agujero fiscal que esta medida absurda provoca, lo más grave es que se arriesga a un quiebre en las relaciones sociales. El recelo y la desconfianza se instalaron primero dentro de la misma planta municipal, bajo la simple lógica de que si unos cobran horas extra, pues la deben cobrar todos. Justamente para eso están el Convenio Colectivo y las normas de la administración pública, para que no haya arbitrariedades. Cuando las hay, se rompe la confianza. En segunda instancia el enojo se transmite a esa falsa dicotomía en la que los privados, más allá de de sus eternos reclamos de ineficiencia hacia los servicios brindados por la Municipalidad, y no pudiendo afrontar los sueldos de sus empleados por el parate total, se preguntan por qué encima son obligados a pagar con sus erogaciones un 100% de sobrecosto a los agentes públicos para que cumplan con sus tareas habituales. Esa es la pregunta sin respuesta de todos los habitantes de San Martín de los Andes. Esa es la enorme responsabilidad que le cabe a los funcionarios que inventaron esta aventura. La dicotomía dejó de ser falsa, pasó a ser insensata por culpas de decisiones insensatas! Y hay una respuesta: si fueron montos indebidos, los tendrán que pagar los funcionarios involucrados. Ni el contribuyente ni el empleado.

Hay todavía un aspecto más que agrava mi desvelo, y espero que también el del Intendente y su Gabinete: las 18.000 horas y los $8MM fueron solamente de ABRIL, falta liquidar mayo y junio, meses en los que además se fueron sumando cada vez más agentes municipales a su labor diaria (lógico, se fueron habilitando actividades) y a cada uno de ellos se les comprometió también, el pago de horas extra. Al día de hoy, esta es una versión sin confirmación oficial pero muy abundante en chats, audios y testimonios. Desconocemos si además está reflejada en planillas, actas, controles de asistencia, etc. El Concejo Deliberante solicitó esa información: la calidad y la oportunidad de la misma determinará la conducta a seguir por los Concejales, la cual también está sujeta a los alcances de la administración pública. 

A modo de conclusión parcial, porque esto no creo que termine aquí, quisiera concentrarme en qué tipo de Estado esperamos y qué queremos de él. En mi formación y concepción, el Estado es lo más esencial, es el garante de todo, el único que no tiene sector ni  interés propio. El Estado debería estar más allá de los partidos políticos, los gobiernos y de cualquiera de nosotros.  El Estado  es nuestro último refugio contra los intereses contrapuestos de mercado, empresas, gremios, asociaciones de cualquier tipo y lobbys. El Estado es nuestro garante, no puede ser nuestro enemigo. Lamentablemente, torpezas de esta magnitud nos dividen y nos enfrentan, nos meten en una grieta infinitamente profunda donde el enemigo es nuestro vecino. Porque al fin y al cabo seguimos siendo un pueblo en donde nos conocemos todos. Pensemos el pueblo, pensemos la Patria''.

Firma: Esteban Bosch

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