
Tramas que cuidan: Educar en la frustración
Redacción NAHay aprendizajes que son difíciles de atravesar para nuestras adolescencias pero que inevitablemente forman parte de la vida: esperar cuando queremos algo ya, perder cuando esperábamos ganar, no ser elegidos, recibir un “no”, equivocarnos, descubrir que aquello que deseábamos no sucede como imaginábamos.
La frustración aparece cuando existe una distancia entre lo que queremos y lo que finalmente ocurre. Y aunque muchas veces intentamos evitarles ese malestar, aprender a atravesarlo también forma parte de crecer. Educar en la frustración no significa enseñar a soportarlo todo ni decirles “la vida es así”. Tampoco significa minimizar lo que sienten. Se trata de acompañar ese momento en el que algo no sale como esperaban y ayudarlos a descubrir que una frustración puede ser dolorosa sin ser insoportable; que podemos enojarnos, entristecernos o decepcionarnos y, aun así, seguir adelante.
La psicóloga argentina Alba Mustaca, junto con otros investigadores, ha estudiado la intolerancia a la frustración en las adolescencias y su relación con la capacidad de afrontar situaciones difíciles. Sus investigaciones muestran que determinadas formas de intolerancia —como la dificultad para aceptar el malestar, los errores o no alcanzar aquello que se desea— se relacionan con respuestas emocionales como la rumiación, el autocastigo o el catastrofismo. Esto nos invita a pensar que tolerar la frustración no es una característica que simplemente “se tiene” o “no se tiene”: también es una capacidad que se construye.
Y allí aparece una pregunta importante para las personas adultas: ¿qué hacemos nosotros cuando algo no sale como queremos? Porque enseñamos también con nuestra manera de reaccionar. ¿Qué mostramos cuando perdemos? ¿Cómo hablamos cuando nos equivocamos? ¿Podemos aceptar que alguien nos diga que no? ¿Cómo respondemos cuando nuestros hijos e hijas no cumplen nuestras expectativas? A veces, con la intención de cuidar, resolvemos demasiado rápido: intervenimos para que no pierdan, buscamos una solución antes de que puedan intentarlo o hacemos lo posible para que no sufran una decepción. Pero hay experiencias que necesitan ser vividas con acompañamiento, no necesariamente resueltas por los adultos.
Pensemos en el deporte. Se entrena para alcanzar una meta, pero no se puede controlar completamente el resultado. Se puede ganar o perder y, muchas veces, una derrota permite mirar con más atención aquello que todavía necesita ser aprendido. Aprender a perder no significa acostumbrarse a perder. Significa poder perder sin sentir que esa pérdida define quiénes somos. Lo mismo sucede con no ser elegidos, equivocarse en una prueba, quedar afuera de un grupo, que una amistad cambie o recibir una respuesta que no esperábamos. La tarea adulta no consiste en garantizar que nunca les sucedan esas cosas, sino en ofrecer presencia cuando suceden.
La psicopedagoga e investigadora María Cristina Irigoyen, de la Universidad Nacional del Comahue, se pregunta cómo las adolescencias de nuestro tiempo toleran y tramitan la frustración. Su trabajo pone el foco en los procesos subjetivos que atraviesan esta etapa y nos invita a no pensar la frustración solamente como algo que hay que “soportar”, sino como una experiencia que necesita ser elaborada.
Quizás educar en la frustración sea, entonces, enseñar a esperar sin abandonar el deseo; esforzarse sin garantizar el resultado; aceptar un “no” sin sentir que se derrumba el mundo; perder sin creer que somos perdedores; equivocarnos sin convertir el error en una condena. Y también enseñar que podemos volver a intentar.
Porque acompañar no es evitarles todas las frustraciones. Es estar cerca cuando llegan, poner palabras donde hay enojo o tristeza, sostener los límites cuando es necesario y confiar en que nuestras adolescencias pueden atravesar aquello que no salió como esperaban.
A veces, cuidar también es decir: “Entiendo que estés frustrado. No puedo cambiar lo que pasó. Pero podemos pensar juntos qué hacemos ahora.”
Esta reflexión se inscribe en la serie “De personas adultas a las adolescencias”, @ifd3_sma Instituto de Formación Docente N°3 de San Martín de los Andes.

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